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Ése no es de aquí

In politica on January 26, 2011 at 2:43 pm

Por: Celeste Benítez

Todos recordamos con especial cariño la inmortal guaracha “Ésos no son de aquí” de nuestro Rafael Hernández. En los momentos que hoy vive Puerto Rico, es importante recordar su letra. Aquí está:

“Para los americanos/ América es lo mejor/ También dicen los cubanos/ Cubita bella es la flor./ Cada cual con su derecho,/ y yo con el mío también:/ Lo mejor que Dios ha hecho/ Es mi linda Borinquen.

Los que dicen ‘Yes my dear’,/ ésos no son de aquí./ Los que dicen ‘Ba’bería’/ ésos no son de aquí./ Los que dicen ‘Guajirito’/ ésos no son de aquí./ Y los que dicen ‘Ay bendito’,/ ¡Ésos sí, ésos sí!

La canción de la Paloma/ ésa no es de aquí./ El son de la chambelona/ ése no es de aquí./ Y la cumbia panameña,/ ésa no es de aquí./ Y la danza borinqueña,/ ¡Ésa sí, ésa sí!

Los que dicen ‘Ándele’/ ésos no son de aquí./ Los que dicen ‘Chao, che’,/ ésos no son de aquí./ Los que dicen ‘Ay, manito’,/ ésos no son de aquí./ Los que dicen ‘Ay bendito’,/ ¡Ésos sí, ésos sí!

Los que comen con ají,/ ésos no son de aquí./ Los que toman Daiquirí,/ ésos no son de aquí./ Los que comen tamalitos,/ ésos no son de aquí./ Y los que comen cuchifritos,/ ¡Ésos sí, ésos sí!”

Tenemos que recordar esa popular definición de la identidad puertorriqueña que compuso el genial aguadillano en la primera mitad del Siglo 20 al comentar la definición de la identidad boricua que ofreció el gobernador Luis Fortuño en España la semana pasada. En una entrevista concedida al diario “El País”, Fortuño dijo que los puertorriqueños somos “bilingües”, “biculturales”, “boricuas, hispanos y americanos”.

Como todos sabemos, los puertorriqueños no somos bilingües. Ésa es una mentira que repiten constantemente los estadistas, especialmente en los Estados Unidos, en su obsesión por tratar convencer a los americanos de que algún día nos acepten como un estado de la Unión. ¡Ojalá fuéramos un pueblo bilingüe! Eso hablaría muy bien de nuestros niveles educativos, pero la cruda realidad es que no lo somos.

Los datos del Censo federal de 1980, la última vez en que se obtuvo aquí esa información diferenciada, indicaban muy claramente cuál es la realidad del inglés en Puerto Rico. En una población de 2.8 millones de habitantes que había aquí entonces, sólo el 18% (541,160 puertorriqueños) decía hablar inglés con soltura. El 23% (643,873) confesaba que hablaba inglés con dificultad.

Un millón, seiscientos mil (1,600,000) boricuas afirmaban que no podían hablar inglés en absoluto (“were unable to speak English”, dice literalmente el informe del Censo). Ese millón, seiscientos mil compatriotas nuestros constituían el 58% de la población. Dudo que esas cifras hayan cambiado mucho en los pasados treinta años.

Fortuño sabe muy bien, al igual que el resto del País, que Puerto Rico no es una comunidad bilingüe. ¿Por qué seguir repitiendo una mentira? Decir que somos bilingües es ignorar la realidad puertorriqueña: si lo hace por desconocimiento, un gobernador que no conoce a su pueblo no tiene nada que buscar en La Fortaleza. Si lo que hace es mentir para ocultar la realidad, ese gobernante es indigno del cargo que ocupa.

Es igualmente falso decir que somos “biculturales”. Eso es, sencillamente, un disparate. La cultura puertorriqueña es una sola, no dos. Nuestra cultura es el producto de más de quinientos años de historia y se ha nutrido del contacto con otros pueblos y razas que han convivido aquí: los taínos, los españoles, los africanos, y más recientemente, desde 1898, los norteamericanos.

Por cuatrocientos años fuimos una colonia de España. Tenemos una historia en común con ella y con las demás colonias españolas en América. Nos identificamos con ese pasado histórico y somos producto de él: por eso es que Lola Rodríguez de Tió decía que “Cuba y Puerto Rico son/ de un pájaro las dos alas:/ reciben flores y balas/ en un mismo corazón.”

Fortuño y los demás estadistas resienten ese pasado. Usualmente exhiben hostilidad hacia España, lo que podríamos llamar una especie de hispanofobia. Ésta se manifiesta en hacer hincapié en la “historia negra” de España en América, en interpretar de la manera más negativa posible el tratamiento que recibimos de ella, especialmente en el Siglo 19, y en creer que nuestra verdadera historia comienza con la invasión de 1898.

De esa mezcla de desafecto y de sentimientos de inferioridad es que nacen esas patéticas pegatinas que exhiben una bandera americana con la frase “¿Dónde estaríamos sin ella?”

Esa hostilidad hacia nuestro pasado hispánico, el menosprecio por los valores puertorriqueños que ha llevado a algunos a describir la nuestra como “una cultura de bacalaíto frito”, y una actitud servil hacia los Estados Unidos han llevado a algunos correligionarios de Fortuño a exhibir una conducta aberrante, que va más allá de lo ridículo.

Así, entre ellos anda la manía de usar el inglés en lugar del español en los asuntos de gobierno. El alcalde de Guaynabo, cuyo conocimiento del inglés es apenas rudimentario, ha rebautizado a su ciudad como “Guaynabo City” y usa denominaciones como “Downtown Guaynabo”, “Guaynabo City Police” y otras lindezas por el estilo.

Como “todo lo malo se pega”, han surgido imitadores como el alcalde de San Juan, quien también tiene su “City Police” y otras variantes. Para no quedarse atrás, Glorimari Jaime, alcaldesa de Guayama, también tiene su “Downtown Guayama” y le ha endilgado al pobre pueblo de nada menos que Luis Palés Matos el sobrenombre de “City of Witches”.

Otro intento por desarraigar a su pueblo de su historia es el del alcalde PNP de Lares, ahora capital de la corrupción municipal, quien ha cambiado el tradicional cognomento de su pueblo, “Lares, Ciudad del Grito” por el disparate de “Lares, Ciudad de Cielos Abiertos”. El propósito es que la gente se olvide de que una vez existió “el Grito de Lares” del 23 de septiembre de 1868, un hito importante en nuestra historia nacional.

Decir, como dijo Fortuño en la entrevista de “El País”, que él es “boricua, hispano y americano” es como confesar que él comparte el pesimismo de Palés en su famosa definición: “Cuba -ñáñigo y bachata–/ Haití -vodú y calabaza–/ Puerto Rico –burundanga–.” Hemos dejado se ser el sancocho de muchos ingredientes distintos y dispares que tanto le dolía al poeta en el 1925 para convertirnos en un pueblo consciente de su perfil propio y único en el concierto de todos los pueblos del mundo.

Somos puertorriqueños; no somos “ciudadanos americanos nacidos en Puerto Rico”, como muchos correligionarios de Fortuño se definen a sí mismos. Tenemos la ciudadanía americana que el Congreso nos impuso en el 1917, pero también tenemos nuestra propia identidad de pueblo, diferente de la identidad y de la cultura de los Estados Unidos de América. Y no estamos dispuestos ni a cambiar, ni a negociar esa cultura y esa identidad nuestras.

Al expresarse como se expresó en la entrevista de “El País”, Fortuño parecía ser un habitante de otro planeta de una remota galaxia, perdida en el espacio sideral. Ciertamente sonaba a que él no es de aquí.

25 de enero de 2011

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