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Un gobierno fascista con carita de “yo no fui”

In politica on March 1, 2011 at 1:45 pm
Partido Nueva Progresita es fascista

El Partido Nueva Progresita es fascista

Por: Celeste Benítez

Recientemente ha llegado a mis manos un artículo escrito por un gran periodista puertorriqueño que tiene especial pertinencia para los momentos tan difíciles que vivimos hoy. Oigamos lo que nos dice este decano de nuestra prensa:

“Durante los últimos años ha estado ocurriendo en Puerto Rico algo que me preocupa hondamente. El gobierno actual muestra una inquietante inclinación a controlarlo todo en el País. (…) Lo paradójico de esto es que el gobierno que se propone controlarlo todo, centralizar y reglamentarlo todo, dice ser al mismo tiempo acérrimo enemigo de las dictaduras de derecha y del comunismo.

Los enemigos de las dictaduras y del comunismo no se comportan como dictadores y comunistas. No copian sus métodos ni sus filosofías de gobierno. Sin embargo, tenemos aquí un gobierno que, de continuar como va, terminará convirtiéndose en una dictadura similar a las de Trujillo, Somoza, Castro y Mao.

Me parece que es conveniente que en estos momentos, tanto los que componen el gobierno como el pueblo en general, tengan presente lo que es una dictadura y cómo se llega a ella. Los que forman parte del gobierno en particular, y que muchas veces actúan de la mejor buena fe, deben desempolvar sus textos de ciencias políticas y redescubrir en ellos lo que es un gobieno centralizado, omnímodo y cuáles son sus características. (…)

La oposición ha calificado el proceder del gobierno recientemente como de tipo fascista. Y esa palabra “fascista” se ha venido escuchando cada vez con más frecuencia (…) ¿Se justifica el apelativo de “fascista” que le da la oposición al presente gobierno?

Veamos algunas de las cosas que nos dice el “World Book” sobre la naturaleza del fascismo y llegue a sus propias conclusiones.

‘Bajo el fascismo, el gobierno controla rígidamente la vida religiosa, política, social y económica del país.

Las organizaciones educativas, atléticas y recreacionales se someten usualmente al control de las autoridades.

El fascismo trata de identificar sus principios con el país, de modo que la disención aparezca como traición. Algún otro país, o algún grupo dentro del país, es seleccionado para que sirva como el ‘enemigo’ y se hace aparecer como la causa de todos los males y desgracias. (…)

El fascismo, como toda forma de gobierno, descansa sobre el sincero consentimiento de una gran parte de la población. Para mantener ese consentimiento, el liderato fascista debe impedir que el pueblo tenga acceso a información que levante dudas sobre la completa validez de los principios fascistas. Los periódicos, la radio, la televisión y otros medios de comunicación deben ser censurados, de modo que el público reciba sólo los hechos que los líderes quieran. (…)”

De todo esto hemos tenido en Puerto Rico recientemente, en algunos casos más y en otros menos, y en algunas instancias, como lo relacionado con la prensa y los demás medios de comunicación, amagos de control y de censura. (…)

Puerto Rico corre el riesgo de ir hacia el fascismo viejo, cansado y cínico, pero igualmente destructor de libertades.”

Estas palabras las escribió nada menos que Jorge Javariz, en el periódico “El Mundo” el 15 de mayo de 1980. El gobernador entonces era Carlos Romero Barceló, y habían transcurrido casi dos años del asesinato con fines políticos de los jóvenes independentistas Carlos Soto Arriví y Arnaldo Darío Rosado en el Cerro Maravilla el 25 de julio de 1978.

Ambos fueron víctimas de un entrampamiento planificado y ejecutado por agentes de la Policía, bajo la Superintendencia de Roberto Torres González y Desiderio Cartagena, utilizando al informante y agente provocador Alejandro González Malavé. Esos asesinatos desataron un feroz encubrimiento por parte del gobierno de Romero que sólo pudo ser desenmascarado, gracias al interés que sectores de la Prensa se tomaron en el caso y a la investigación que inició el Senado de Puerto Rico en 1985 bajo la presidencia de Miguel Hernández Agosto y el investigador Héctor Rivera Cruz.

Pero ya antes Romero había nombrado a Carlos Chardón para politizar en extremo al Departamento de Instrucción Pública y había hecho lo mismo con las demás agencias de gobierno, incluyendo al Instituto de Cultura y a la Universidad de Puerto Rico.

Para mantenerse en el poder, Romero inició una “reforma” electoral que provocó serias irregularidades en el proceso de votación. Ganó las elecciones con la ventaja mínima de unos 3,000 votos, después del famoso recuento de Valencia, que levantó serias sospechas de que el PNP se había robado las elecciones de 1980.

Pero todos aquellos abusos de poder, que llevaron a un Jorge Javariz a calificar de “fascista” al régimen romerista, palidecen al lado de lo que ocurre en nuestros días bajo el gobierno de Luis Fortuño. Éste se ha dedicado a destruir todas las instituciones que pudieran ser fuente de disidencia o de oposición aquí.

Comenzó amedrentando al País con el despido masivo de más de 20,000 empleados públicos y la pasividad casi de cómplice de las uniones obreras. Siguió con el asalto al Tribunal Supremo, nombrando cinco jueces de golpe. No contento con crear allí una clara mayoría PNP, nombrará dos innecesarios jueces adicionales para perpetuar el control partidista de nuestro más alto foro de justicia.

Fortuño encabeza los esfuerzos por destruir nuestro Colegio de Abogados; tiene en la mira al Colegio de Médicos; planea un nuevo Código del Trabajo para atentar contra derechos adquiridos de los trabajadores; planea una”reforma” electoral para robarse las próximas elecciones. Pero la más detestable de todas sus fechorías es la destrucción de la autonomía universitaria, y el uso de la fuerza bruta para acallar toda protesta, particularmente las de los jóvenes universitarios.

Y todo eso y mucho más con una sonrisita en la boca y una carita de “yo no fui”. Estamos viendo el colmo de la hipocresía y el cinismo.

1º de marzo de 2011

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