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Centro de Corrupción Pedro Rosselló

In Politics, Puerto Rico on June 10, 2010 at 1:14 pm

CCPRG:  ¡qué aberración!

Por  Celeste Benítez

Bautizar el Centro de Convenciones con el nombre de Pedro Rosselló González es una vergüenza para el Pueblo de Puerto Rico, una barbaridad y una aberración.  Se premia a un ex gobernador que solía observar conductas indignas de su cargo, y que presidió el gobierno más corrupto de toda la historia del País.

Pero todavía hay otras tres razones para rechazar ese acto.

La primera se llama Víctor Fajardo, secretario del Departamento de Educación (DE) bajo Rosselló de 1994 al 2000.  Fajardo extingue condena de 12.7 años de cárcel por el robo desenfrenado de fondos públicos durante su infame incumbencia.

Nunca sabremos exactamente cuánto dinero robaron Fajardo y su pandilla.  Resultó convicto por extorsionar a contratistas del DE por $4.3 millones, pero el fiscal a cargo del caso estimó que el botín debió haber sido mucho mayor.  Los $4.3 millones eran sólo la cantidad que los federales creían poder probar más allá de toda duda razonable.

Fajardo usaba los mismos métodos corruptos del gobierno de Rosselló.  El empresario que quería obtener un contrato con el DE, tenía que pagar entre el 10% y el 15% del monto total del contrato a Fajardo o a sus cómplices.

Los pagos se hacían en efectivo, o pagando facturas fatulas a corporaciones fantasmas controladas por el Secretario, o pagando facturas políticas del Partido Nuevo Progresista.  Así, Fajardo convirtió al DE en el cajero automático del PNP.

Para ello, Víctor tenía una caja fuerte en su Oficina en el DE, en la que se ocuparon varios cientos de miles de dólares en efectivo.  Cuando las autoridades allanaron la mansión que Fajardo compró siendo Secretario a un costo de un millón de dólares, encontraron otros $300,000 ocultos en la residencia.

En junio del 2000, cuando ya había claras señales de corrupción en el DE, un legislador denunció que Víctor pagaba con fondos federales a los guardias privados que custodiaban su residencia y pidió su renuncia.  La airada respuesta de Rosselló, el eterno monito sabio, fue: “(Fajardo) cuenta con mi total y absoluta confianza”.

Así, el pediatra y el “educador” prostituyeron el lema hipócrita que adoptaron para el DE de “Nuestros niños primero”.

Otro grave daño que nos infligió Rosselló se llama desastre fiscal.  Pésimo administrador que fue, el ex gobernador hizo trizas las finanzas gubernamentales.

Además de los incontables millones que nos robó la corrupción, la manera irresponsable en que implementó “la tarjetita de Rosselló” dejó al ELA al borde de la quiebra.  Privatizó los servicios de salud y convirtió a las aseguradoras en intermediarios entre el paciente y el médico; vendió la red de hospitales y dispensarios públicos a precios de quemazón; y financiaba los costos de “la tarjetita” con líneas de crédito del Banco Gubernamental, minando la estabilidad fiscal del País.

Los tres mega proyectos que Rosselló dejó a mitad en el 2001 fueron antros de corrupción y de despilfarro.  El Tren Urbano –que terminó siendo el tren más caro del mundo–, el Supertubo y el Coliseo quedaron plagados de serias deficiencias y graves vicios de construcción.  La ex gobernadora Sila Calderón tuvo que salvarlos del desastre a un costo altísimo.

La eliminación de la Sección 936 del Código de Rentas Internas federal en 1996, cosa que Rosselló gestionó activamente, fue una verdadera tragedia para Puerto Rico.  Al perder las exenciones contributivas que la 936 proveía, empresas norteamericanas acogidas a ella comenzaron a irse del País.

De 153,700 empleos en la manufactura que había aquí en 1995, quedaban sólo 91,900 en el 2009. Con ello perdimos no menos de 61,800 empleos directos bien remunerados, más los miles de empleos indirectos e inducidos que aquéllos generan.

Las empresas 936, por ventajas contributivas, depositaban sus ganancias en la banca local.  En junio de 1996, había un total de $10,666 millones de Fondos 936 depositados en el sistema bancario y financiero de Puerto Rico.  Gracias a Rosselló, ese dinero se fue para no volver, encareciendo el costo del dinero para el consumidor boricua.

Una tercera razón son las trampas para obtener la “pensión Cadillac” que Rosselló disfrutó desde enero de 2001.

En el verano de 2000, cuando Rosselló hacía gestiones para jubilarse, la Administración de los Sistemas de Retiro del ELA (Retiro) certificó que al 31 de diciembre de ese año, sólo contaría con 29 años y 3 meses de tiempo cotizado.  Le faltaban nueve (9) meses para poder disfrutar de  la llamada “pensión Cadillac” que el ex gobernador codiciaba, de $52,500 anuales.

El 15 de diciembre “milagrosamente” aparecieron los nueve meses que faltaban.  La Administración de Servicios de Salud Mental y contra la Adicción (ASSMCA) “certificó” que Rosselló había trabajado bajo contrato en el Hospital de Psiquiatría del Departamento de Salud (DS) de junio a agosto en los años 1962, 1963 y 1964.  Ello, a pesar de que los empleos de verano para estudiantes usualmente se extienden sólo por dos meses (junio y julio), y no por tres.

El expediente final de los 30 años se completó a puertas cerradas en el DS el domingo 31 de diciembre del 2000.  El administrador de ASSMCA, José Acevedo Martínez, posteriormente encarcelado por soborno y extorsión, emitió la “certificación” en un trámite altamente irregular, y sin evidencia alguna que confirmara los “hechos” que estaba certificando.

Una investigación posterior realizada por Retiro reveló que los famosos contratos nunca existieron, y que en aquellos tres veranos Rosselló había estado jugando tenis en torneos fuera del País.  La Agencia determinó que el ex gobernador no tenía derecho a la “pensión Cadillac”; ajustó el monto de su pensión a la que correspondía a los 29 años y 9 meses que había cotizado; y le exigió restituir el dinero que había cobrado en exceso.

Las acciones legales que inició Rosselló contra Retiro se tornaron académicas cuando éste, derrotado como candidato a gobernador en el 2004, juró el cargo de Senador por Arecibo a comienzos del año siguiente. Un tal Víctor Loubriel, electo a ese escaño en las elecciones de 2004, “generosamente” renunció a él para que su líder lo ocupara.

¿Cómo es posible que ese historial de corrupción, pésima administración, mentiras y trampas se premie, bautizando el CC con el nombre de PRG?                               8 de junio de 2010

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