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El Gran Mentiroso

In Celeste Benitez, Gobernador Luis Fortuño, politica on August 24, 2010 at 3:12 pm

Por:  Celeste Benítez

En su libro “Mi Lucha” (“Mein Kampf”), el dictador alemán Adolfo Hitler acuñó la frase “la gran mentira” para referirse a una táctica de propaganda política que su partido nazi siempre usó con gran efecto.  En el capítulo 10 de su obra, Hitler escribe lo siguiente:

“(…) la gran mentira tiene una cierta clase de credibilidad, porque las grandes masas de una nación son corrompidas más fácilmente en los niveles más profundos de sus emociones que en los niveles de la conciencia o de la voluntad.  En consecuencia, dada la primitiva simpleza de sus mentes caen víctimas más fácilmente de la gran mentira que de la mentira pequeña, ya que ellos mismos a menudo dicen mentiras pequeñas en asuntos pequeños, pero se avergonzarían de decir mentiras a escala monstruosa.

Nunca se les ocurriría (a las masas) fabricar mentiras colosales, y no podrían creer que otros pudieran tener el atrevimiento de distorsionar la verdad de una manera tan descarada.  Aunque se les demuestre claramente con datos que la gran mentira es falsa, siempre dudarán y titubearán y seguirán pensando que puede haber alguna otra explicación.  Porque la mentira monstruosamente falsa siempre deja una huella, un dato conocido por todos los mentirosos expertos y por todos aquéllos que conspiran para practicar el arte de la mentira.”

El gobernador Luis Fortuño se nos revela cada día con mayor claridad como un maestro del arte de la gran mentira, un Gran Mentiroso. Pero la adicción del Gobernador a la mentira tiene también un lado práctico: él sabe, como Hitler, que La Gran Mentira siempre siembra al menos una duda en el ánimo de quien la escucha.  Es la misma dinámica del “Difama, que algo queda”, pero transformado ahora en “Miente, que algo queda”.

Y esa duda residual es el efecto que el gran mentiroso quiere capitalizar con la segunda pata de esa dupleta: la repetición constante de la mentira.  Sí, porque para que una gran mentira cale hondo, el régimen la tiene que repetir y repetir, martillando el alma de la gente con la mentira, hasta que el golpe incesante agujeree la piedra.

Un buen ejemplo del arte de La Gran Mentira es el anuncio de dos páginas a todo color publicado en los principales diarios del País el domingo y lunes pasados por el Partido Nuevo Progresista para proclamar “La Obra del Cambio”.

En el tema de “Educación”, el partido de Fortuño tiene el descaro de decir, “restauramos el pésimo estado de nuestras escuelas y acabamos con la burocracia gubernamental, devolviendo al profesional de la educación al salón de clases, donde hace falta”.

Los cientos de miles de maestros, padres y estudiantes de las escuelas públicas, así como los periodistas de todos los medios del País son testigos de la monstruosidad de esa mentira.  Sin embargo, con un cinismo impresionante, el partido de Fortuño invirtió y seguirá invirtiendo muchos miles de dólares para tratar de convencernos de que nuestras escuelas están hoy mejores que nunca.

En el tema de “Seguridad”, igual que en otros, Fortuño trata de ganar indulgencias con camándulas ajenas.  Se apropia del trabajo del FBI y otras agencias de seguridad del gobierno federal y se jacta de “éxitos” en la guerra perdida contra las drogas.  Incluso menciona como mérito propio la captura de “Junior Cápsula”, el viejo protegido del representante Toñito Silva (PNP, Bayamón).

Ni una sola palabra sobre los continuos asaltos a individuos, comercios y bancos, ni sobre la ola imparable de asesinatos, que ya bate récords en el País, y que ha convertido a nuestras calles en mataderos.  Tampoco menciona el desastre que ha sido el superintendente de la Policía, José Figueroa Sancha, ni los abusos de su Fuerza de Choque, ni los fracasos repetidos de cada uno de los “planes anticrimen” que le ha presentado al País.

En el tema de “Salud”, otra vez tratando de ganar indulgencias con camándulas ajenas, Fortuño anuncia que su plan ampliará la cobertura de salud para los puertorriqueños.  Lo que no dice es que ni él ni el PNP tuvieron nada que ver con unos “logros”, que todavía están por verse.

Todos ellos serán producto de la Reforma de Salud del presidente Barack Obama.  En Estados Unidos, el Partido Republicano se opuso tan violentamente a ese proyecto, que por poco lo cuelga en el Congreso y que debilitó grandemente la versión que al fin se aprobó.

Fortuño, quien se canta republicano en EEUU, no hizo absolutamente nada para facilitar la aprobación de la Reforma de Obama.  Sin embargo, aquí se apropia cínicamente de los méritos de una ley que su partido allá sigue combatiendo obstinadamente hasta el día de hoy.

Pero no podemos dejar de mencionar otras dos Grandes Mentiras que Fortuño ha puesto en juego, una para llegar al poder, y la otra para aferrarse a él.

¿Recuerdan las elecciones de 2008, cómo el candidato del PNP despachaba la advertencia del ex gobernador Aníbal Acevedo Vilá de que Fortuño planeaba despedir miles de empleados públicos, con la manida frase, “Cuando yo gane las elecciones, el único empleado público que va a perder su empleo es Aníbal Acevedo Vilá”?   Ahora, demasiado tarde, Puerto Rico sabe quién le decía la verdad y quién le mentía descaradamente.

El año pasado, para tratar de contrarrestar el horror del despido de más de 20,000 empleados públicos, Fortuño gastó millones de dólares en una campaña publicitaria llamada “Puerto Rico trabaja”.

El problema es que, contrario a lo que dice la propaganda del gobierno, Puerto Rico no trabaja. El propio Departamento del Trabajo de Fortuño informa que la tasa de desempleo aumentó a 15.8% en febrero pasado, frente al 14.1% de febrero de 2009.  Peor aún, la tasa de participación continúa bajando, y en febrero bajó al 42% de la población apta para trabajar.  El año pasado estaba en 44%.

Tenemos que combatir las Grandes Mentiras de este gobierno: sólo así se hará realidad el mandato bíblico, “conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”

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